Tenía 15 años, y convencí a mis padres de que me dejaran ir con mis amigos a la Warner sin ningún adulto que nos acompañara.
Una vez ahí, mis amigos y yo nos montamos en todas las atracciones más "peligrosas" y para gente mayor. Cuando ya era de noche mis amigos dijeron de montarnos en las tazas locas. Yo vi que solo se subían niños pequeños con sus padres a ese juego, así que no me pareció gran cosa. ¿Qué era lo peor que podía pasar si ya me he montado en las peores?
Me subí con mis amigas, pero no tuve en cuenta que la atracción dependía de quién se subiera en ella. La atracción consistía en girar un volante que había dentro de la taza, cuanto más rápido lo girases, más vueltas y más rápido iban a ser.
Yo soy una persona que se marea muy rápido, y mis amigos son muy brutos. Giraron el volante tan rápido que avisaron por megafonía varias veces que disminuyeran la velocidad.
A penas podía caminar en línea recta cuando me bajé de la taza y me dolía mucho la cabeza, estaba muy mareada.
Mi amiga Ainhoa, me dijo que oler el alcohol del gel de manos la ayudaba, y me preguntó que si yo quería probar a olerlo. ¿Qué era lo peor que podía pasar?
Cuando olí el gel, sentí que me desmayaba, que me caía de frente. El hedor me quemó la garganta y los pelillos de la nariz. Me sentí mucho peor de lo que ya estaba.
Lo peor fue cuando mi amigo, Toni, me dijo de montarnos solos en una atracción porque estaba vacía y no había casi gente. Yo no podía desaprovechar esa oportunidad y mucho menos estropear la tarde a mis amigos. Así que me monté con él en el Batman. ¿Qué era lo peor que podía pasar?
Durante toda la atracción estuve con los ojos cerrados y muy tensa. El dolor de cabeza aumentó.
Cuando llegó a su final, la atracción dio un frenazo donde casi escupo mi hígado. En ese momento sentí que no aguantaba más. Intenté deshacerme del arnés de seguridad, pero estaba bloqueado. Me agobié y vomité.
Efectivamente, vomité. Encima mío, porque no podía apuntar hacia otro lado con el arnés. Cuando pensé que las cosas no podían ir a peor, Toni se deshizo de su arnés y levantó el mío para "liberarme" y el vómito que estaba en el arnés me cayó en el pelo. Las cosas no podían ir a peor.
Lo peor tampoco fue eso. Cuando fui a quitarme el cinturón de seguridad, no pude. Yo aún veía doble, estaba muy mareada y me sentía muy mal. Empecé a llorar.
Mi amigo metió la mano en mi vómito para poder desabrocharme el cinturón y poder salir de ahí. Vi cómo los trabajadores de ahí se pusieron a limpiar el desastre que causé. Me sentí tan mal que seguí llorando.
Aprendí a nunca más decir ¿Qué es lo peor que puede pasar? Porque siempre puede pasar algo peor.

Comentarios
Publicar un comentario